Vestida de Entrecasa

Qué suerte que empezó el Invierno. Si alguien quiere regalarme unas pantuflitas de polar o peluche, bienvenido sea.

2004-09-08

Río al Mar

Saliendo de la angustia las cosas vuelven a tener olor, color, temperatura y dimensión. Lejos van quedando aquellas cosas que me tuvieron casi sin dormir estas últimas dos semanas. Poco a poco voy reencontrándome conmigo misma, mi cara, mi pelo, mi cuerpo, mis cosas. Ésa que no se reconoció aquella noche vuelve a pensar en sí misma en foco.

Parece mentira que ya casi sea primavera... vienen todas esas ropas de colores bobos que detesto: rositas bebé, celestitos cielito, blanquitos insulsos y lilitas afectados. Yo me voy a vestir de verde, rojo, violeta y fucsia. Por supuesto, el eterno negro también.

Ya no soy una nena. Hace mucho que dejé de serlo. Me enferma entonces que las cosas me afecten como a las nenas y querer festejar las alegrías como una adolescente. Pero la melancolía me hace finalmente reaccionar como una mujer a la que le han quitado el jugo exprimiéndole el espíritu, y buscar como acompañante un alma que haya sufrido y haya transitado largos caminos también.

El cielo se abre de nubes, y me avasalla un deseo insoportable de atravesarlo con un avión, o de observarlo desde un ferry que me lleve al otro lado del Rio de la Plata, eterno confidente y amigo. Si cada vez que se llora las lágrimas se evaporan, cuando llueven, llueven al río. Por eso tiene ese color apasionante, por eso es eterno y fluye violentamente: porque es hermoso como las lágrimas, bello como los ojitos hinchados de llanto de un hombre penando justo cuando ella lo descubre.